Me desperté a las seis y media de la mañana, una hora bastante temprana para mí. Cómo no, mi primer pensamiento de la mañana fue: ''Dani me estará esperando en la puerta del instituto'', pero realmente sabía que eso no sería así, y eso me dolió. Como tenía tiempo, me di una ducha y me lavé el pelo. Me puse un vaquero largo, una camiseta de manga corta verde limón y encima de ésta una sudadera negra de cremallera, y por último, mis converses verdes. Cuando fui al baño a cepillarme los dientes, me quedé atónita mirando al espejo. Realmente había cambiado desde que empecé a salir con Dani. Antes de ello, yo siempre llevaba el pelo largo, pero él me animó a cortármelo por debajo de la barbilla, dejándome sin una cortina que escondiera sus chupetones. Ahora mi pelo llegaba hasta un poco debajo de los hombros, lo suficiente largo para cogerme dos trenzas a los lados. Me pinté un poco la raya de los ojos, de color negro para realzar el verde claro de estos, y con un toque de rimel expandir algo más mis largas pestañas. Me miré al espejo por última vez y sentí que me faltaba algo, y era ese brillo especial de mis ojos, ese del que tanto me hablaba Dani. Pero ese brillo se había sustituido por otro muy diferente, se había sustituido por el brillo de la slágrimas que recorrían mis mejillas en esos momentos, ya que pensaba en él. Todo iba a ser muy diferente, más que nunca. No lo vería en los recreos, tampoco al salir de clase, ni siquiera quedaríamos para dar una vuelta este fin de semana. Todo se reduciría a cortas llamadas de teléfono, o a videollamadas por internet. Pensar en todo eso dolía mucho, así que me decidí a bajar a la cocina y servirme un buen tazón de cereales.
Cuando bajé, para mi sorpresa el tazón ya estaba servido encima de la mesa del salón, acompañado con un buen zumo de naranja recién exprimido.
- Paula- dijo mi madremientras se me acercó a darme un abrazo- ¿Cómo estás?
- Me... mejor que... que ayer- dije entrecortadamente.
- Mi niña...- dijo ella mientras se separaba de mí- cuando llegué por la noche ya estabas dormida, pero me hubiera gustado estar contigo antes.
- Lo sé.
Mi madre era una mujer que, parecía que, vivía en su oficina y pasaba de visita por casa para comer y cenar, o a veces, sólo a cenar. Trabajaba mucho, día y noche, florista para una empresa de festejos, de esas que se contratan cuando se tiene una boda, comunión o cualquier tipo de fiesta. Ella era la encargada de elegir las flores, hacer los ramos, los jarrones, ... de todo un poco. Parece un trabajo fácil, pero es algo difícil y estresante, según mi madre.
Al terminarme mis cereales, subí a mi habitación a preparar la maleta, y fue cuando sin querer al levantar la persiana, desperté a Stefano, mi gato. Él ronroneó y se me pasó por las piernas, eso significaba que necesitaba mimitos, así que como yo tambiñen los necesitaba lo cogí en brazos y lo acaricié, a la vez que el lo hacía igualmente con su suave cabecita negra.
Al cabo de diez minutos salí de mi casa rumbo al instituto, con mis cascos puestos, escuchando ''Total eclipse of the heart'', una canción que siempre me gustó y más aún cuando la versionaron en ''Glee''. Y sumergida en el mundo de mi mp4, llegué sin darme cuenta a la puerta del instituto, donde mis dos mejores amigas y mis dos pilares de la vida, estaban esperándome. La primera en avalanzarse sobre mí fue Alicia, mi dulce Alicia, que parecía sacaba del mismísimo cuento, pues llevaba su melena rubia muy larga, y era tan delgada y de tez tan clara, que cualquiera diría que es del País de las Maravillas. Me miró con sus ojos color miel y me sonrió. Cuando se apartó, Celia me rodeó con sus brazos y me estrechó contra ella bien fuerte.
- Paula, no te vengas abajo, ¿vale? Sabes que nosotras te apoyaremos siempre. Sé fuerte.
Menos mal que las tenía a ellas, si no en estos momentos me habría encerrado en el baño y me hubiera puesto a llorar como una loca. Ellas siempre habían estado a mi lado, ayudándome en todo, porque de verdad son mis amigas, y no unas cuelquiera.
- ¿Qué te has hecho en el pelo?- dije riéndome.
- Una mecha azul, ¿Te gusta?- dijo meneándola arriba y abajo.
- No está mal- dije riéndome.
La verdad que no le quedaba mal, pues le iba bien con su media melena negra, y con sus ojos. Celia era una persona con mucho caracter y nada de vergüenza, a diferencia de Alicia, que era más serena. Pero por muy diferentes que fuesen, las quería por igual a las dos.
- Vamos adentro, anda.
Y junto con ellas, acabé mi primer día de instituto sin Dani, soltando varias lágrimas entre clase y clase, pero nada más.
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