martes, 26 de julio de 2011

Capítulo 2

Al poco de llamar a mi padre, vi aparecer su coche, que aparcó enfrente mía para que yo subiera, así que me sequé las lágrimas y me dirigí hacia el coche. Me senté en la parte delantera, al lado de mi padre.
- ¿Cómo estás?- me preguntó él.
Pero no contesté, pues no tenía fuerzas para hacerlo, ya que el recuerdo de Dani me hacía sentir débil. Por la mirada d mi padre supuse que él me comprendía.
- Paula, sé que esto va a ser duro para tí, pero no quiero que influya en tu día a día. Siempre has sido una chica muy alegre, y no quiero que ahora estés así cada día. Quiero que sonrías como hacías cuando eras pequeña, como sonreías cuando veías a Dani.- mi padre puso una mano en mi hombre, con cuidado de no dejar de estar atento a la carretera- Sé fuerte, pequeña, ¿vale?
Tampoco contesté esta vez. Mi padre tenía razón, debía de ser fuerte, como nunca hasta este momento. No quería dejar de ser la chica que era, como bien dijo mi padre, pero es que una parte de mí se había ido lejos, y hasta dentro de mucho no volvería a estar completa, nunca del todo.
Mi padre me miró con cara de preocupación, así que hizo lo que yo habría hecho en su lugar:
- Mira, Paula, vamos a la cafetería de al lado de mi oficina, y te invito a un gofre, ¿te apetece?
Estaba mal, pero la verdad es que en ese momento se me antojó atiborrarme de algo dulce, como un gofre y un buen batido de chocolate, así que para que no sufriera más por mí, y para obtener algo en lo que invertir mi tiempo y que no sea llorando, le contesté:
- Me encantaría.
Así que mi padre cambió de camino y nos dirigimos a la cafetería de la que tanto hablaba mi padre. Como estaba al lado de su oficina, todas las mañanas desayunaba allí, y siempre decía que allí servían los mejores batidos que uno podría tomar, y creo que va siendo hora de que yo lo verifique.
Cuando entramos en la cafetería, nos sentamos en una mesa que estaba al lado de un gran ventanal. Era la primera vez que entraba allí, y la verdad es que me agradó mucho, pues estaba muy bien decorada. Una de las paredes era de ladrillo, mientras que las demás eran de tonalidad clara. Las mesas eran pequeñas y redondas, de color beige tostado, y bajo el cristal de esta, pétalos de flores secas, que contrastaban perfectamente con el tono de la mesa. Las sillas eran bastante cómodas, a juego con las pequeñas mesas. Las paredes estaban decoradas con fotos de toda Italia, por ejemplo, en la parte en la que nos sentamos se veía un cuadro del coliseo romano, tan bonito como seguro sería en la realidad. Ya entendía por qué se llamaba ''La Italiana''.
Mientras contemplaba distraida una foto de una pequeña casa de la toscana, una joven camarera, con aire alegre, se nos acercó a mí y a mi padre.
- Hola Pedro, esta debe ser tu hija, ¿me equivoco?
- No, no te equivocas. Paula, esta es Lía, la hija de Patrick, el amigo irlandés del que tanto te he hablado.
- Sí, sé a quién te refieres, encantada- le sonreí como pude.
La verdad es que Lía sí que aparentaba ser irlandesa, a pesar de tener madre española. Su tez era blanquita, con muchas pecas en su rostro,alta, pelirroja oscura y de ojos marrones. La verdad es que ahora que me fijo, no e stan alta en realidad, pues llevaba tacones.
- ¿Qué os pongo para tomar?- dijo con su libreta y boli en la mano.
- Yo un café con mucha leche, como siempre.
- Yo un gofre y un batido de chocolate. Tengo que saber si son como dice mi padre, los mejores del mundo.
- Muy bien, no te decepcionaré- dijo mientras apuntaba el pedido en una pequeña libreta a juego con su boli, y por qué no decirlo, con toda la cafetería.- Ahora mismo os lo traigo.
Cuando Lía se alejó, recibí un toque en mi móvil, era Dani. Eso significaba que ya había montado en el avión e iba a despegar en pocos minutos. de nuevo, al recrear esa escena, las lágrimas inundaron mi rostro.
- No, pequeña, no...- dijo mi padre mientras que se colocaba en la silla de al lado y me abrazaba- Paula, no te pongas mal porfavor, sabes que no me gusta verte así. Toma- dijo mi padre mientras me daba un pañuelo- sé fuerte, ¿eh? Sabes que si este proyecto sale bien, podrás ir a ver a Dani a Ámsterdam antes de lo previsto, quizá en verano.
Yo asentí, medio sonriendo. Esa era mi única esperanza de poder ver a Dani de nuevo antes de que pasara un año. No sé qué sería de mí sin mi padre, soy lo más preciado para él, su única hija, su ángel de la guarda, su vida, ... Y no es que mi madre no me quiera, es al contrario, solo que ella está trabajando la mayor parte del tiempo y apenas está en casa. Por eso, desde hacía unos años mi padre y yo nos íbamos a echar el día en el campo, hasta que empecé a salir con Dani, e invertía ese tiempo con él en vez de con mi padre. Ahora que lo pensaba, tal vez esas excursiones podrían volver a empezar. Mi padre es una persona tan dulce... Aunque realmente no lo aparente. Su rostro siempre está serio, al menos en horario de trabajo, pero cuando está conmigo sé que es el hombre más feliz del mundo. De joven era rubio, ahora apenas tiene pelo, pero sí barba, aunque no mucha cantidad. Mi padre es un hombre alto, fuerte, al que le chifla el fútbol y la lectura, además de la música, que la lleva en las venas, pues su padre fue músico de joven. Pero lo que más le gusta sobre todo, es su trabajo. Es escritor en sus tiempos libres, cuando no está, como no, escribiendo un articulo para el periódico de la ciudad. En resumen, mi padre es la persona a la que más admiro en el mundo.Y seguro que yo no era la única que lo admiraba, pues todos en la ciudad lo conocía por sus artículos.
Lía nos trajo la merienda, mi gofre y batido de chocolate, y el café con mucha leche de mi padre, aunque más bien yo lo llamaría leche con café.
Después de una buena merienda en ''La Italiana'' y de haber verificado que sus batidos están buenísimos, mi padre y yo nos marchamos a casa, y mientras tanto, me hizo prometerle una cosa.
- Paula -dijo cuando arrancó el coche- quiero que me prometas que desde ahora en adelante vas a ser la misma chica de siempre, esa que tanto le gusta sonreír, y disfrutar del campo con su padre. ¿Me lo prometes, pequeña?
¿Qué iba a decirle a mi padre? ¡Claro que iba a serlo! Teniendolo a mi lado, todo sería diferente, aunque Dani me faltara, mi padre me daría fuerzas para llevar bien mi día a día, y claro que tenía ganas de poder hacer otra excursión al campo con él.
- Te lo prometo, papá- dije sonriendo.
- Te quero, Paulita.
- Y yo a ti, papi.

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