lunes, 29 de agosto de 2011

Capítulo 5

Aún por la noche seguí pensando en nuestra corta conversación de apenas 10 minutos, como si eso me hiciera poder expandir más las palabras que él pronunció, como si de esa manera estuviese hablando en ese mismo instante con él. Cerré mis ojos y me concentré en él, en Dani.
Pensé en él y en la primera vez que nos vimos, hacía más o menos dos años. Lo primero que vi de él fueron esos ojazos marrones, como la tierra misma, con un toque de verde oscuro alrededor de la pupila, después los rizos negros que le caían del flequillo, que apenas conseguían tapar sus ojos, y por último en su altura, era el chico más alto que había conocido. Él era amigo del ex-novio de Alicia, un chico que le sobrara la belleza y al que le faltaba ternura. Ese día Alicia me había sacado de casa para salir con los amigos de su novio, y poder conocer a gente nueva, ya que recientemente una amiga nuestra se había peleado con nosotras. Habíamos quedado a las siete de la tarde y llegábamos tarde, como siempre. Cuando llegamos al parque donde habíamos quedado con todos, vimos un banco lleno de chicos.
- No jodas, voy a ser la única tía.
- Tonta, también estoy yo.
- Sí, pero tú vas a estar con Álex todo el tiempo y pasarás de mí.
- Mentira.
Fue lo único que supo decir ya que ella sabía que lo que yo decía era verdad. Al acercarnos al banco un chico rubio se acercó a Alicia y la besó, así que yo misma supuse que ese era Álex. Después, este chico me miró y se acercó a mí.
- Vaya, vaya... Déjame adivinar, tú eres... ¿Paula?
- Exacto, y tú debes de ser Álex, ¿me equivoco?
- No, no te equivocas. Bueno, voy a presentarte a mi pandilla.
Alicia me miró buscando mi aprobación, y para corresponderla le asentí sonriendo. Después, ella me tomó de la mano y me llevó al lado de los chicos.
- Este es Héctor- Álex señaló a un chico moreno y bajito, y éste me dio dos besos-, el de la sudadera roja es Sergio- el chico me sonrió y me guiñó un ojo-, el de la camisa de la esquina es Antonio- éste se acercó y me dio dos besos, al igual que Héctor- ése es Jaime y por último él es Cristian- éstos últimos me saludaron con la mano.
- Encantada- dije, aunque por dentro pensara: ¡quiero largarme de aquí y ver una buena peli en mi casa!
Me sentía bastante incómoda allí, pues no conocía a nadie y tal y como yo advertí, Alicia estaba besuqueándose con Álex. Menos mal que advertí que estos dos se iban a poner así, y llevé conmigo mi mp4, mi fuel aliado para todas las ocasiones. Así que me puse la carpeta de sum 41 y me senté en el banco. Todos reían y hablaban de no se qué y ni me importaba.
Dieron las nueves y me harté de estar sentada escuchando música, así que me levante y dí una vuelta por el parque, buscando una fuente en la que saciar mi sed. Al fondo del parque ví una fuente y fui a ella a beber agua, y después me senté en un banco que había allí al lado. ''¿Por qué demonios había aceptado venir? Estaría mejor en mi casa con Stefano y viendo una peli.'' Estaba muy aburrida y enfada con Alicia por haberme hecho ir para nada. Así que me decidí a ir donde estaba ella y decirle que me iba. Y cuando llegué y fui a decírselo, dos chicos llegaron en moto. se bajaron de ella y saludaron a los demás y cuando Álex vio mi expresión de enfado dijo:
- Ah, chicos, ella es Paula, la mejor amiga de Alicia.
- Encantado- dijo el chico castaño con una sonrisa encantadora- me llamo Alberto.
- Yo soy Dani- dijo el chico de los rizos sonriendo tímidamente.
Alberto aparcó la moto cerca dle bancon y se sentó en él a hablar con Antonio y Cristian sobre algo que por los comentarios quise creer que era fútbol. Todos estaban distraidos así que aprobeché y me acerqué a Alicia.
- Ali, me voy. Lo siento, pero me aburro mucho, tú estás ahí con tu novio y yo sentada con el mp4, lo siento mucho, pero adiós.
Y tal y como dije eso, me dí la vuelta y comencé a andar hasta que escuché a Ali llamarme.
- ¿Qué quieres?
- No te enfades, porfavor. Quédate un rato más, yo me voy dentro de media hora. Porfavor- dijo haciendo pucheros.
- Lo que tiene que hacer una amiga por otra amiga. Yo te mato- dije dándole una palmadita en el cachete derecho.
Así que volví al banco donde todos estaban hablando, excepto el chico de los rizos.
- Así que eres amiga de Alicia. -me dijo éste.
- Sí.
- ¿Estáis juntas en clase?
- Sí.
- ¿Y sabes decir algo más aparte de sí?
- Sí- y me heché a reír.- Lo siento, soy así de estupida.
- No creo que seas estúpida, solo que estás hablando con un desconmocido y no sabes qué más decir, yo siento lo mismo- y rió.
En ese momento sonó mi móvil, era mi padre. Me dijo que llegara pronto a casa y que no me fuera sola, lo típico en las llamadas de padre a hija. Cuando colgué Dani me miró y me dijo:
- ¿No me digas que te gusta Linkin Park?
- Sí, claro que me gusta, sino no tendría como tono de llamada'' in the end''.
- Eres la primera chica que conozco que le gusta Linkin.
- Discrepo, no me conoces- dije sonriendo.
- Pues conozcámonos.
Y así comenzó una tímida conversación en la que el chico de los rizos y yo nos contámos cosas sobre nuestra vida, aunque fuese lo típico de tipo de música, instituto, infancia, series, aficiones, ... La media hora de espera se me hizo bastante corta, pues Dani era una persona encantadora que compratía algunas aficiones conmigo, como lo era el arte, pues me dijo que su padre, aparte de ser profesor de inglés en una academia, pintaba en sus horas libres.
Cuando Alicia vino a por mí y fui a despedirme de todos, Dani me dijo:
- ¿Volveré a verte?
- No lo sé, tal vez vuelva.
- Por si acaso, te daré mi móvil.- yo lo apunté y por último dijo- sé que esto sonará raro, o tal vez no lo aceptes, pero quiero que te quedes esta pulsera- dijo quitandose una pulsera de cuero de la muñeca- así tendrás que volver a verme  ala fuerza para devolvermela.
Ese gesto me gustó muchísimo, confió en mí, en una chica que conocía hacía solo media hora y me dejó la pulsera que según me contó la compró en uno de sus viajes.
- Muchas gracias- dije dejándole ponérmela.- Te la devolveré.
Pero nunca se la devolví, es un recuerdo que siempre se ha mantenido a salvo en mi muñeca izquierda.


martes, 16 de agosto de 2011

Capítulo 4

Al salir de clase mis amigas me acompañaron a casa, pues no pararon de insistir en que les contara mi último día con Dani, a pesar de que yo no quería porque lo hecharía de menos mientras lo contaba, pero Alicia siempre saber sonsacarme las cosas, y me rendí.
- Quedamos temprano por la mañana y fuimos a desayunar cgurros, al bar de al lado del centro comercial, pero estaba a tope, así que decidimos pedir unos churros y dos chocolates caliente para llevar y nos fuimos a un parque que encontramos por allí cerca. Después de desayunar juntos, dimos una vuelta por la avenida y a eso de las 12 su apdre fue a por nosotros para llevarnos al aeropuerto. Una vez allí, nos quedamos en la puerta despidiendonos...- dije con alguna lágrima en los ojos.
- Oh, Paula... No te pongas así, porfavor...- dijo Alicia.
- Te dije que la dejaras en paz, que no le hicieras recordar eso- dijo Celia dandole una colleja a Alicia.
- No os preocupeis, sois mis amigas y tarde o temprano iba a contaroslo.
Con tanto hablar llegamos en nada a mi casa y me despedí de ellas. Cuando entré, Stefano fue el primero en recibirme, restregándose por mis vaqueros en busca de alguna caricia, y eso hice.
- Lávate las manos Paula, que vamos a comer ya.- dijo mi padre mientras ponía la mesa.
- ¿Mamá no viene a comer hoy?- dije subiendo las escaleras hacia mi habitación.
- No- escuché decir a mi padre desde el salón.
Cogí mi móvil y lo encendí. No sabía cuándo me llamaría Dani para hablar un poco, pero estaba deseando que lo hiciera, por eso pensé en llamarlo yo después de comer.
Bajé al baño y me lavé las manos, después me senté a la mesa y mi padre me trajo un trozo de lasaña
- ¿Otra vez?- dije fastidiada.
- Sí, ya sabes que no sé cocinar mucho más que una tortilla, y eso estaba en la nevera. Además, a tí siempre te ha gustado la lasaña.
- Sí, pero aunque sea una de mis comidas favoritas, si llevas comiéndola más de dos días seguidos te cansas aunque no quieras.
Cuando acabé de comer, fui a dejar el plato en la cocina y escuché la música de mi móvil, señal de que me estaban llamando y un pensamiento atravesó mi mente en pocos segundos, y fui a cogerlo corriendo, pero para mi sorpresa, no era quien yo me esperaba.
-¿Qué quieres, Celia?
- La decepción se nota en tu voz, lo siento.
- Pensé que serías Dani- dije tumbándome en el sofá.
- Perdóname... Oye, te llamaba para recordarte que esta tarde tienes que venir a mi casa a acabar el trabajo de CMC.
- Pff... Es verdad, ya no me acordaba.
- Me parece lógico.
- A las siete estoy en tu casa, ¿vale?
- Vale, no te retrases, que te conozco.
- Tranquila... Adiós.
- Adiós.
- ¿Era Dani?- me preguntó mi padre.
- No, no era él. Era Celia, para una cosa del instituto.
- Ah. Puedes llamarlo tú ahora, no esperes a que te llame.
- Ya, pero no sé si estará ayudando a su padre a llevar los cuadros a la galería.
- Pues espera un rato más.

Subí a mi habitación con Stefano, pero no sabía qué hacer para matar el tiempo, así que cogí el primer libro que ví: Romeo y Julieta. Me encantaba esa obra, de uno de mis autores favoritos: Shakespeare. Desde que lo estudié en el instituto y la profesora nos hizo leer un trozo d ela obra para saber más, me enamoré de cómo escribía y de las dotes como dramaturgo que tenía. Una de sus obras más famosas fue la que me robó el corazón, y llevo leyéndomela una y otra vez desde 1º de la ESO. Dos personas que se aman y no pueden estar juntos, eso me sonaba, aunque gracias a Dios, no era la misma situación. ''Loco, pasión, amante mi Daniel. ¿Por qué no te me apareces en forma de poema o en forma de suspiro?'' Y una vez pensado esto, mi móvil comenzó a sonar. Y esta vez, sí que sí.
- ¡Dani!
- ¡Paula! ¿Cómo estás?
- Hechándote de menos, mi vida. ¿Y tú?
- Pues cansado, llevo toda la mañana cargando cuadros a la galería. No sabía que mi padre hubiese pintado tantos- soltó una carcajada.- ¿Que tal la mañana?
- Pues bien, bueno, ha sido todo muy distinto... Pero lo he superado, celia y Alicia me han hecho reír mucho... Y menos mal.
- Me alegro de que al menos te hayas reido con ellas. Yo empezaré mañana las clases, ¿sabes?
- Ah, pue sya sabes. Hoy te estudias un poco el inglés para poder entender mañana a tu profe.
- Tranquila, llevo toda la mañana escuchando a mi padre hablar con el director de allí en inglés.
- Menos mal que tu padre era profesor de inglés, y tú deberías de saber un poco más por ello.
- Oye, no es a mí a quien se le da mal el inglés- se hechó a reír.
- Muy gracioso... ¡Voy mejorando!
- A ver si es verdad... Oye Paula, tengo que colgar... Ya sabes que la llamada va a costar muy cara... Mñana te llamo a la misma hora, ¿vale?
- Vale... Te quiero.
- Y yo a ti.

jueves, 11 de agosto de 2011

Capítulo 3

Me desperté a las seis y media de la mañana, una hora bastante temprana para mí. Cómo no, mi primer pensamiento de la mañana fue: ''Dani me estará esperando en la puerta del instituto'', pero realmente sabía que eso no sería así, y eso me dolió. Como tenía tiempo, me di una ducha y me lavé el pelo. Me puse un vaquero largo, una camiseta de manga corta verde limón y encima de ésta una sudadera negra de cremallera, y por último, mis converses verdes. Cuando fui al baño a cepillarme los dientes, me quedé atónita mirando al espejo. Realmente había cambiado desde que empecé a salir con Dani. Antes de ello, yo siempre llevaba el pelo largo, pero él me animó a cortármelo por debajo de la barbilla, dejándome sin una cortina que escondiera sus chupetones. Ahora mi pelo llegaba hasta un poco debajo de los hombros, lo suficiente largo para cogerme dos trenzas a los lados. Me pinté un poco la raya de los ojos, de color negro para realzar el verde claro de estos, y con un toque de rimel expandir algo más mis largas pestañas. Me miré al espejo por última vez y sentí que me faltaba algo, y era ese brillo especial de mis ojos, ese del que tanto me hablaba Dani. Pero ese brillo se había sustituido por otro muy diferente, se había sustituido por el brillo de la slágrimas que recorrían mis mejillas en esos momentos, ya que pensaba en él. Todo iba a ser muy diferente, más que nunca. No lo vería en los recreos, tampoco al salir de clase, ni siquiera quedaríamos para dar una vuelta este fin de semana. Todo se reduciría a cortas llamadas de teléfono, o a videollamadas por internet. Pensar en todo eso dolía mucho, así que me decidí a bajar a la cocina y servirme un buen tazón de cereales.
Cuando bajé, para mi sorpresa el tazón ya estaba servido encima de la mesa del salón, acompañado con un buen zumo de naranja recién exprimido.
- Paula- dijo mi madremientras se me acercó a darme un abrazo- ¿Cómo estás?
- Me... mejor que... que ayer- dije entrecortadamente.
- Mi niña...- dijo ella mientras se separaba de mí- cuando llegué por la noche ya estabas dormida, pero me hubiera gustado estar contigo antes.
- Lo sé.
Mi madre era una mujer que, parecía que, vivía en su oficina y pasaba de visita por casa para comer y cenar, o a veces, sólo a cenar. Trabajaba mucho, día y noche, florista para una empresa de festejos, de esas que se contratan cuando se tiene una boda, comunión o cualquier tipo de fiesta. Ella era la encargada de elegir las flores, hacer los ramos, los jarrones, ... de todo un poco. Parece un trabajo fácil, pero es algo difícil y estresante, según mi madre.
Al terminarme mis cereales, subí a mi habitación a preparar la maleta, y fue cuando sin querer al levantar la persiana, desperté a Stefano, mi gato. Él ronroneó y se me pasó por las piernas, eso significaba que necesitaba mimitos, así que como yo tambiñen los necesitaba lo cogí en brazos y lo acaricié, a la vez que el lo hacía igualmente con su suave cabecita negra.
Al cabo de diez minutos salí de mi casa rumbo al instituto, con mis cascos puestos, escuchando ''Total eclipse of the heart'', una canción que siempre me gustó y más aún cuando la versionaron en ''Glee''. Y sumergida en el mundo de mi mp4, llegué sin darme cuenta a la puerta del instituto, donde mis dos mejores amigas y mis dos pilares de la vida, estaban esperándome. La primera en avalanzarse sobre mí fue Alicia, mi dulce Alicia, que parecía sacaba del mismísimo cuento, pues llevaba su melena rubia muy larga, y era tan delgada y de tez tan clara, que cualquiera diría que es del País de las Maravillas. Me miró con sus ojos color miel y me sonrió. Cuando se apartó, Celia me rodeó con sus brazos y me estrechó contra ella bien fuerte.
- Paula, no te vengas abajo, ¿vale? Sabes que nosotras te apoyaremos siempre. Sé fuerte.
Menos mal que las tenía a ellas, si no en estos momentos me habría encerrado en el baño y me hubiera puesto a llorar como una loca. Ellas siempre habían estado a mi lado, ayudándome en todo, porque de verdad son mis amigas, y no unas cuelquiera.
- ¿Qué te has hecho en el pelo?- dije riéndome.
- Una mecha azul, ¿Te gusta?- dijo meneándola arriba y abajo.
- No está mal- dije riéndome.
La verdad que no le quedaba mal, pues le iba bien con su media melena negra, y con sus ojos. Celia era una persona con mucho caracter y nada de vergüenza, a diferencia de Alicia, que era más serena. Pero por muy diferentes que fuesen, las quería por igual a las dos.
- Vamos adentro, anda.
Y junto con ellas, acabé mi primer día de instituto sin Dani, soltando varias lágrimas entre clase y clase, pero nada más.

martes, 26 de julio de 2011

Capítulo 2

Al poco de llamar a mi padre, vi aparecer su coche, que aparcó enfrente mía para que yo subiera, así que me sequé las lágrimas y me dirigí hacia el coche. Me senté en la parte delantera, al lado de mi padre.
- ¿Cómo estás?- me preguntó él.
Pero no contesté, pues no tenía fuerzas para hacerlo, ya que el recuerdo de Dani me hacía sentir débil. Por la mirada d mi padre supuse que él me comprendía.
- Paula, sé que esto va a ser duro para tí, pero no quiero que influya en tu día a día. Siempre has sido una chica muy alegre, y no quiero que ahora estés así cada día. Quiero que sonrías como hacías cuando eras pequeña, como sonreías cuando veías a Dani.- mi padre puso una mano en mi hombre, con cuidado de no dejar de estar atento a la carretera- Sé fuerte, pequeña, ¿vale?
Tampoco contesté esta vez. Mi padre tenía razón, debía de ser fuerte, como nunca hasta este momento. No quería dejar de ser la chica que era, como bien dijo mi padre, pero es que una parte de mí se había ido lejos, y hasta dentro de mucho no volvería a estar completa, nunca del todo.
Mi padre me miró con cara de preocupación, así que hizo lo que yo habría hecho en su lugar:
- Mira, Paula, vamos a la cafetería de al lado de mi oficina, y te invito a un gofre, ¿te apetece?
Estaba mal, pero la verdad es que en ese momento se me antojó atiborrarme de algo dulce, como un gofre y un buen batido de chocolate, así que para que no sufriera más por mí, y para obtener algo en lo que invertir mi tiempo y que no sea llorando, le contesté:
- Me encantaría.
Así que mi padre cambió de camino y nos dirigimos a la cafetería de la que tanto hablaba mi padre. Como estaba al lado de su oficina, todas las mañanas desayunaba allí, y siempre decía que allí servían los mejores batidos que uno podría tomar, y creo que va siendo hora de que yo lo verifique.
Cuando entramos en la cafetería, nos sentamos en una mesa que estaba al lado de un gran ventanal. Era la primera vez que entraba allí, y la verdad es que me agradó mucho, pues estaba muy bien decorada. Una de las paredes era de ladrillo, mientras que las demás eran de tonalidad clara. Las mesas eran pequeñas y redondas, de color beige tostado, y bajo el cristal de esta, pétalos de flores secas, que contrastaban perfectamente con el tono de la mesa. Las sillas eran bastante cómodas, a juego con las pequeñas mesas. Las paredes estaban decoradas con fotos de toda Italia, por ejemplo, en la parte en la que nos sentamos se veía un cuadro del coliseo romano, tan bonito como seguro sería en la realidad. Ya entendía por qué se llamaba ''La Italiana''.
Mientras contemplaba distraida una foto de una pequeña casa de la toscana, una joven camarera, con aire alegre, se nos acercó a mí y a mi padre.
- Hola Pedro, esta debe ser tu hija, ¿me equivoco?
- No, no te equivocas. Paula, esta es Lía, la hija de Patrick, el amigo irlandés del que tanto te he hablado.
- Sí, sé a quién te refieres, encantada- le sonreí como pude.
La verdad es que Lía sí que aparentaba ser irlandesa, a pesar de tener madre española. Su tez era blanquita, con muchas pecas en su rostro,alta, pelirroja oscura y de ojos marrones. La verdad es que ahora que me fijo, no e stan alta en realidad, pues llevaba tacones.
- ¿Qué os pongo para tomar?- dijo con su libreta y boli en la mano.
- Yo un café con mucha leche, como siempre.
- Yo un gofre y un batido de chocolate. Tengo que saber si son como dice mi padre, los mejores del mundo.
- Muy bien, no te decepcionaré- dijo mientras apuntaba el pedido en una pequeña libreta a juego con su boli, y por qué no decirlo, con toda la cafetería.- Ahora mismo os lo traigo.
Cuando Lía se alejó, recibí un toque en mi móvil, era Dani. Eso significaba que ya había montado en el avión e iba a despegar en pocos minutos. de nuevo, al recrear esa escena, las lágrimas inundaron mi rostro.
- No, pequeña, no...- dijo mi padre mientras que se colocaba en la silla de al lado y me abrazaba- Paula, no te pongas mal porfavor, sabes que no me gusta verte así. Toma- dijo mi padre mientras me daba un pañuelo- sé fuerte, ¿eh? Sabes que si este proyecto sale bien, podrás ir a ver a Dani a Ámsterdam antes de lo previsto, quizá en verano.
Yo asentí, medio sonriendo. Esa era mi única esperanza de poder ver a Dani de nuevo antes de que pasara un año. No sé qué sería de mí sin mi padre, soy lo más preciado para él, su única hija, su ángel de la guarda, su vida, ... Y no es que mi madre no me quiera, es al contrario, solo que ella está trabajando la mayor parte del tiempo y apenas está en casa. Por eso, desde hacía unos años mi padre y yo nos íbamos a echar el día en el campo, hasta que empecé a salir con Dani, e invertía ese tiempo con él en vez de con mi padre. Ahora que lo pensaba, tal vez esas excursiones podrían volver a empezar. Mi padre es una persona tan dulce... Aunque realmente no lo aparente. Su rostro siempre está serio, al menos en horario de trabajo, pero cuando está conmigo sé que es el hombre más feliz del mundo. De joven era rubio, ahora apenas tiene pelo, pero sí barba, aunque no mucha cantidad. Mi padre es un hombre alto, fuerte, al que le chifla el fútbol y la lectura, además de la música, que la lleva en las venas, pues su padre fue músico de joven. Pero lo que más le gusta sobre todo, es su trabajo. Es escritor en sus tiempos libres, cuando no está, como no, escribiendo un articulo para el periódico de la ciudad. En resumen, mi padre es la persona a la que más admiro en el mundo.Y seguro que yo no era la única que lo admiraba, pues todos en la ciudad lo conocía por sus artículos.
Lía nos trajo la merienda, mi gofre y batido de chocolate, y el café con mucha leche de mi padre, aunque más bien yo lo llamaría leche con café.
Después de una buena merienda en ''La Italiana'' y de haber verificado que sus batidos están buenísimos, mi padre y yo nos marchamos a casa, y mientras tanto, me hizo prometerle una cosa.
- Paula -dijo cuando arrancó el coche- quiero que me prometas que desde ahora en adelante vas a ser la misma chica de siempre, esa que tanto le gusta sonreír, y disfrutar del campo con su padre. ¿Me lo prometes, pequeña?
¿Qué iba a decirle a mi padre? ¡Claro que iba a serlo! Teniendolo a mi lado, todo sería diferente, aunque Dani me faltara, mi padre me daría fuerzas para llevar bien mi día a día, y claro que tenía ganas de poder hacer otra excursión al campo con él.
- Te lo prometo, papá- dije sonriendo.
- Te quero, Paulita.
- Y yo a ti, papi.

sábado, 28 de mayo de 2011

Capítulo 1

- Yo también te quiero.
Y de esa manera, con lágrimas en los ojos y hecha polvo, Dani y yo nos dimos un cálido pero rápido beso. Después de eso me acarició la mejilla con sus largos y finos dedos, me sonrió y se dio la vuelta. Poco a poco se fue alejando de mí, hasta la puerta del aeropuerto. Una vez delante de ella, se giró y se despidió de mí por última vez. Acto seguido, desapareció por la puerta giratoria. ¡Cuánto deseaba, yo, echarme a correr detrás de él y pedirle que no se subiera a ese avión, que lo alejaría de mí! Sentía tantas cosas juntas, tantos sentimientos y emociones estallando en mi interior. Hemos vivido tantas cosas juntos estos últimos 14 meses que llevamos como novios. Y ahora, verlo marchar, es como si me clavaran mil cuchillos en mi pecho, con mucha fuerza y repetidamente. Duele tanto que no haya otro remedio para el dolor, solo puedo llorar para desahogarme, pensando en todo lo que hemos vivido juntos, todas nuestras experiencias, sentimientos, … Todo, estaba perdiendo mi todo, pues Dani lo era todo para mí.
Me acerqué al parking que había en el aeropuerto, en el cual me senté en un banco a llorar, y allí me quedé unos 5 minutos más hasta que me decidí a llamar a mi padre, para que viniera a por mí. Quería marcharme de allí lo antes posible, pues su avión saldría en menos de 15 minutos, y no quería verlo. Esto es muy duro, no pensaba que fuera a ser así. Y pensar que siempre he querido ir a Ámsterdam. Sí, Dani está en Ámsterdam. El motivo es que su padre es pintor, y un representante vino hace unos meses a ver unas de sus obras, las cuales estaban publicadas en Internet, y lo escogió para un programa llamado ''Nuevos pintores''. Deben de estar allí al menos 1 años como mínimo, pero no hay fecha tope. La cosa es que si el padre decide seguir allí, Dani volvería al cumplir la mayoría de edad, que será dentro de 10 meses, para poder estudiar en España y volver a mi lado. Pero para eso aún queda mucho...


viernes, 27 de mayo de 2011

Presentación de esta historia aún sin titular.

Primero me gustaría presentarme. Soy una chica de 18 años que sueña con ser periodista, y en sus ratos libre escritora. Mi nombre es Lidia. En este blog me gustaría publicar una historia que ando escribiendo desde principio de año, y que está al terminar dentro de poco. Pero antes de acabarla, me gustaría compartirla con más gente, y he pensado que esta sería una buena forma de hacerlo, ya que gracias a internet, mi historia puede ser conocida por mucha gente. El argumento de esta historia trata sobre una chica de 16 años, la cual conoce a un chico, y después de 14 meses juntos, el chico tiene que darle a Paula, nuestra protagonista, una mala noticia. En poco meses deberá de abandonar España, para marcharse a Ámsterdam, en sitio en el cual su padre tendrá que trabajar como pintor en una galería. Si quieres saber cómo acaba esta historia, te invito a que sigas visitando mi blog. Por supuesto, me gustaría saber tu opinión como lector, pues de esa manera puedo replantearme el final de esta historia. Sinceramente espero tener éxito con este blog, pues tengo fe en ello, como seguramente lo tuvo el escritor de la serie de libros ''Canciones a Paula'', que ando leyendo en estos momentos. Me gustaría tener tanto éxito como él, aunque sé que no será así, pues soy una joven ilusa. Espero que te guste el comienzo, que en breve publicaré. Muchas gracias por tu atención y sigue visitando este blog.